La metacognición es la capacidad que tenemos para
autorregular nuestro propio aprendizaje, donde primeramente se tiene que
concientizar nuestra manera de aprender, para de ahí poder encontrar los
factores que inciden en los resultados que se presentan, los cuales ayudan a
comprender porque son positivos o negativos.
Flavell (1979) definió la metacognición como la
cognición sobre la cognición. Hace referencia a la conciencia del estudiante de
una base de conocimientos en la que almacena la información sobre cuándo, cómo,
dónde y por qué usar y acceder a diferentes estrategias cognitivas. Se sabe que
los estudiantes deben acceder al conocimiento metacognitivo de un dominio para
poder seleccionar las habilidades necesarias para orientar y dirigir su
aprendizaje en situaciones concretas de su campo de estudio. Lo anterior tiene
relación directa con la movilización de saberes; la investigación de la
metacognición ha revelado que los buenos estudiantes hacen uso de una serie de
procesos de control y monitorización que refuerza su capacidad para
autorregularse (Winne y Hadwin, 1998), por lo tanto en la evaluación de competencias,
que éstas dentro del marco educación actual son muy relevantes ya que se centra en la necesidad, estilos de
aprendizaje y potencialidades individuales para que el alumno llegue a manejar
de forma efectiva, las destrezas, conocimientos y habilidades señaladas
en una situación determinada; y para poder lograr este aspecto debe considerarse la metacognición de cada alumno, la
cual varía de uno a otro, ya que aunque no todos hacen el mismo uso de
funciones de control y monitorización, es posible que se les haya
entrenado con las mismas habilidades metacognitivas.
Gracias a la metacognición se es capaz de planificar
las estrategias más idóneas para cada situación, por consiguiente aplicarlas
controlando el proceso, evaluarlas para tomar decisiones transfiriendo todo
ello a una nueva actuación.
La importancia de la metacognición para la educación
radica en que todo niño es un aprendiz que se halla constantemente ante nuevas
tareas de aprendizaje. En estas condiciones, lograr que los alumnos “aprendan a
aprender”, que lleguen a ser capaces de aprender de forma autónoma y
autorregulada se convierte en una necesidad. Uno de los objetivos de la escuela
debe ser, por tanto, ayudar a los alumnos a convertirse en aprendices
autónomos. El logro de este objetivo va acompañado de otra nueva necesidad, la de
“enseñar a aprender”.
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