Instrumentos de evaluación

Métodos con una buena dosis de realismo y relevancia, aunque tradicionalmente vinculados a la comunidad educativa. Dentro de este cuadrante encontraríamos la resolución de problemas auténticos (autentificación de pruebas; ver al respecto Monereo, 2009) que pueden conllevar la presentación de situaciones extraídas de la vida cotidiana y/o profesional, muy bien documentadas, aunque finalmente la actividad se produce en el aula, por lo general en base a materiales escritos y que requieren una solución bastante convergente y cerrada, aquella que en su momento solucionó efectivamente el problema en cuestión. El método puede conjugarse con un análisis cognitivo, bastante detallado, de las decisiones que deben tomar los alumnos para resolver el problema, lo que permitirá identificar los momentos del proceso en que encuentran mayores dificultades, y ayudará a paliar esas dificultades detectadas desde la enseñanza.
También la elaboración de dossiers de apuntes de clase, de manera individual o en grupo, en la que los alumnos revisan las anotaciones tomadas en clase y las personalizan, amplían y enriquecen, a través del parafraseo, la búsqueda de nueva información, la inclusión de reflexiones personales, etc., formaría parte de este cuadrante.
En el último cuadrante se situarían los métodos de evaluación que atesoran un mayor grado de autenticidad. Se trata de prácticas de evaluación sumamente realistas, relevantes, próximas a las tareas cotidianas y/o profesionales y que favorecen la socialización en la comunidad profesional.
En el rango más alejado estaría la resolución de casos profesionales, comúnmente complejos, mal definidos y susceptibles de recibir soluciones dispares, como ocurre en la realidad; aquí los alumnos, teniendo todos los recursos a su alcance de manera parecida a los que posee un profesional, deben poner a prueba un gran número de competencias y estrategias. Más realista y relevante resulta el método de incidente, conflicto preparado por el evaluador -y por lo tanto fingido, en el que se inmiscuye al alumno, que cree que el conflicto se está efectivamente produciendo y debe actuar en consecuencia, como lo haría un profesional en circunstancias parecidas (p.e. se hace creer al estudiante de arquitectura que en un proyecto se ha producido un error en algún cálculo y éste debe plantear alguna solución de urgencia). Tanto el método de evaluación a través de portafolios como la participación en prácticas comunitarias o profesionales genuinas (p.e. proyectos), constituyen máximos exponentes de sistemas de evaluación auténticos. En el primer caso el estudiante debe recopilar muestras o evidencias de sus logros, en relación a unos objetivos competenciales previamente pactados con su profesor. Por ejemplo, para demostrar que es capaz de dirigir una reunión de trabajo, graba en vídeo una reunión real, realizada en su período de prácticas, y la expone a la evaluación de su profesor, quien puede analizarla con él y darle indicaciones para que repita la experiencia tomando en consideración algunos aspectos que deberá mejorar.

En cuanto a los proyectos, que pueden tener un cariz educativo (p.e. crear un blog, tipo wikipedia, en la que se revisan, relacionan y ejemplifican los principales contenidos de la materia) o profesional (p.e. crear un producto, buscar financiación, publicitario, etc.), el alumno debe poner en juego todas las competencias aprendidas (y probablemente algunas más) para responder a una demanda real, capaz de cubrir una necesidad socialmente relevante. Algunos de estos proyectos pueden implicar una estrecha co-participación con miembros de la comunidad o con profesionales reales (Hung & Der-Thanq, 2007), favoreciéndose de ese modo un aprendizaje recíproco de enorme impacto para ambas partes, y promoviendo la sostenibilidad en el tiempo delos proyectos, y sus productos derivados. La evaluación auténtica sin embargo, como cualquier opción educativa, tiene algunos requisitos y limitaciones que vamos a señalar a continuación.

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