Evaluación auténtica

La expresión “evaluación auténtica” suele emplearse de manera genérica para describir una amplia variedad de nuevos enfoques e instrumentos de evaluación que se contraponen a los utilizados reiteradamente en la evaluación tradicional, la denominada “testing culture”, la cultura del examen (Álvarez, 2005; Angelo y Cross, 1993; Monereo, 2003).

De forma genérica se considera una evaluación auténtica aquella en la que no se diseñan actividades de evaluación artificiales, realizadas ex profeso, puesto que éstas se desprenden directamente de situaciones reales de aprendizaje en las que están involucrados los alumnos. Este interés por garantizar que las tareas de evaluación sean reales y estén en estrecha conexión con la funcionalidad del aprendizaje de los alumnos toma fuerza a partir del resultado de algunas investigaciones (ver Nunam, 2000) que ponen de manifiesto cómo la percepción de la utilidad y relevancia de las tareas determina su rendimiento y motivación. En este sentido, tareas de evaluación que sólo pretenden “medir” lo que saben decir o hacer los alumnos en contextos supuestamente naturales (incluidas las diseñadas por el investigador y aplicadas por el profesor en su propia aula), difícilmente son tareas relevantes que permitan valorar las competencias que éstos utilizan en su desempeño habitual. Por otra parte, el valor formativo y formador de la evaluación aumenta cuando es posible situar las tareas de evaluación como parte integrante del proceso de enseñanza-aprendizaje y cuando el resultado se contempla como un punto de partida, no de llegada, para seguir avanzando en la optimización del proceso instruccional.


 Como afirman Honebein, Duffy y Fishman (1993), la garantía de autenticidad solo puede establecerse en comparación con alguna otra “realidad” (Álvarez, 2005). En todo caso, existen distintas interpretaciones sobre estetópico, que de forma resumida expresamos en la siguiente lista:
a)     Auténtico en calidad de evaluación genuina o legítima  al tratarse de una evaluación propia a la forma de evaluar del profesor. En este sentido podríamos hablar de proximidad ecológica en cuanto a que parte de los recursos “naturales” del profesor.
b)     Auténtico en calidad de propedéutico: como preparación para enfrentar evaluaciones similares en esta u otra materia de éste o de próximos cursos.
c)     Auténtico en calidad de funcional: útil para resolver necesidades del alumno en sus diferentes escenarios de desarrollo (también en el académico).
d)     Auténtico en calidad de centrado en la evaluación de la actuación o realización de una tarea: orientado a valorar las operaciones necesarias para solucionar el problema o tarea.
e)     Auténtico en calidad de extra-académico: La situación o problema que se plantea está vinculada a escenarios no escolares (vida cotidiana, noticias de impacto social y cultural, futuro profesional, ocio, etc.). Los problemas intra-académicos (intramatemáticos, intralingüísticos o intracientíficos), que aludirían a cuestiones propias del universo disciplinar serían, desde esta perspectiva, poco auténticos.
f)     Auténtico en calidad de verosímil: la situación que se plantea al alumno podría realmente ocurrir, aun cuando no necesariamente al propio alumno.
g)     Auténtico en calidad de real: la actividad desarrollada no solo se produce en condiciones prácticamente idénticas a las que habitualmente conocemos, sino que además se trata de una actividad en la que el alumno o ya ha estado involucrado en la vida cotidiana o lo estará en un futuro próximo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario